Bienes muebles

Silla de San Ramón

La noche del 6 al 7 de Diciembre de 1979.

Aprovechando las sombras, y el silencio de las altas horas, los ladrones penetraron en el claustro, forzaron la puerta del Museo, y sustrajeron casi todo, incluida la silla de San Ramón.

Con objeto de facilitar su venta, fue troceada. Lo que vemos son los restos que devolvió el llamado Erik el Belga, sobre metacrilato.

La silla es el objeto que primero llama la atención. Es famosa en el mundo entero. Obra única y mueble de la mayor rareza, según Mayer. Bella muestra de la ebanistería románica, y uno de los más bellos muebles de todos los tiempos, para Lozoya.

Realizada en madera de consistencia durísima, no tiene parecido en el país. Roto el cuero por el uso, aquella no presenta ni el más leve rasguño, ni síntoma de carcoma, a pesar de los largos siglos de existencia.

Su tallado, verdadera filigrana, es un dechado de meticulosidad y finura. No vemos en ella signo, ni unidad decorativa, que permita clasificarla dentro de las técnicas románicas, a pesar de lo dicho por Lozaya, ni otras más o menos conocidas entre nosotros, como pueden ser las árabe o visigóticas.

En forma de tijera plegable, según Pijoan, repite el tipo de silla consular romana. Produce al contemplarla, la impresión de algo muy remoto, y hasta exótico.

Las cabezas de los mastines y sus patas, hacen pensar hasta en las tallas de los objetos vikingos, que dejaron otros rastros de sus desembarcos en España.

En la Catedral de Roda, se la llama la silla de San Ramón, pero evidentemente es mucho más antigua, y la adjudicación tradicional a aquel santo no disminuye el misterio del objeto.

Alguien ha pensado, en un posible obsequio al santo obispo, por algún monje amigo suyo de los países nórdicos, sabedor de la exquisita sensibilidad artística.

Por otros varios caminos pudo llegar a la Catedral de San Vicente. Roda, la posee con orgullo, y la defiende con firmeza.

Texto de Don Manuel Iglesias.




Silla gestatoria

Sillón de madera, fijo a una pequeña tarima y provista de baldaquino sujeto a la prolongación de los soportes angulares. Opinamos se trata de una sila gestatoria, pues a la altura de la sede presenta muescas donde se ajustarían los barrotes para llevar en andas al Obispo en procesiones o ceremonias pontificales. La madera es de pino, decorada de follaje entrelazado en pintura roja, que autentifica su ascendencia románica de la primera mitad del siglo XII.

Coro y órgano.  

Una verja de hierro y bronce en marco de jaspep con remate de madera labrada, cierra el coro. Tiene delante las clásicas tribunitas cercadas por barandilla metálica sobre basamento de mármol. La sillería del coro, en un solo orden, bajo copetes en dosel y reclinatorio corrido, está realizada en nogal macizo sobriamente tallado a estilo renacimiento. Terminó de instalarse en 1786.

Hubo órgano más antiguo. El actual data de 1653. Lo montó Fr. Martín Peruga y la caja es obra de Juan Busin. Costó en total 858 escudos, 16 sueldos y cuatro dineros. Su primer emplazamiento fue bajo el arco inmediato al coro, en traslado dirigido por el organero Ambrosio Moliner y en 1722 pasó a ocupar el acomodo actual. En 1700 el prior Zetina lo "mandó componer y aumentar con los registros de la nueva música y en esto gastó más de 100 doblones, y salió la obra tan acertada que... excedía a otros órganos de iglesias mayores". Todo ello parece verdad, pues técnicos actuales de toda solvencia, dicen que supera la calidad a su coetáneo de Covarrubias, tenido hasta poco ha, como el  más de la organeria antigua. La última restauración obra de Luis Galindo, junto al entusiasmo del cura en funciones José Lemiñana han puesto al descubierto sus excelentes dotes, cuando suena pulsado por manos sabias.

La última restauración se realizó a partir del 12 de diciembre de 2005, cuando se comenzó a desmontar por el taller de organería Hermanos Desmonttes S.L.

Naveta del siglo XVI