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Inde Marisancho

22 de diciembre de 2019 a las 12:36 

El #MuseuDiocesàLleida y la #GenCat se empeñan en afirmar que los bienes de las parroquias del Aragón oriental (#BienesdelaFranja) fueron comprados por el obispo Messeguer. Pero no fue así (y eso es lo que recoge la sentencia). Puede comprobarse en el propio boletín de la diócesis de Lérida, que se llamaba "Esperanza" y se guarda en las bibliotecas, para que lo pueda leer cualquiera.

Os pongo algunos ejemplos, que van en las fotos. El primero corresponde al boletín del 25 de agosto de 1920 (p. 196): observad que se afirma que los objetos no se regalan, sino que se depositan en el museo, "reservándose el dominio las parroquias". (Y nada se dice sobre ventas, por descontado).

Otro ejemplo más, del mismo boletín (25 de febrero, 1921): Deben ingresar los objetos en el Museo, se afirma, ya que nada pierden con ellos las parroquias, al mantener íntegros sus derechos. No se puede ser más claro.

El obispado de Lérida, por cierto, no era un comerciante de antigüedades: estaba en un plano superior (¿cómo iba a comprarse bienes la Iglesia a sí misma?). El obispo se limitaba a solicitar las piezas (o a mendigarlas incluso, según se lee en el boletín del 25 de junio de 1921, pag. 231).

Hay más ejemplos y no les quiero cansar. Acabaré con un pasaje muy ilustrativo de una publicación de Joan Fusté i Vila, primer conservador del museo leridano, quien se encargó de inventariar por primera vez las piezas acumuladas, que ya eran varios miles, en 1924 (la publicación es de 1925):

"En ningún museo, quizá, era tan difícil la catalogación como en el de Lérida. Descuidada con toda deliberación y sistemáticamente, aunque con un fin plausible, la anotación de la procedencia de las antigüedades para que nadie pudiera venir con inoportunas reclamaciones..."

Vaya.

Van dos consideraciones:

1. Si los bienes se hubieran vendido, nadie podía haber ido luego con reclamaciones.

2. Se reclaman 111 piezas aragonesas, pero ¿cuántas habrá? Aquella "precaución" tomada por el obispo Messeguer para ocultar la procedencia de lo que se llevaba al museo sigue siendo eficaz para dificultar al máximo las reclamaciones hasta el día de hoy.

En el juicio en Barbastro se aportó documentación de archivo que pretendía demostrar que hubo ventas. Se presentó como el gran hallazgo, aunque no fue tal. Como ven, basta con leerse lo que el propio obispado PUBLICÓ. Su lectura, insisto, es accesible en las bibliotecas. Y me parece que deja las cosas claras.