Organización interna de la diócesis de Roda

ORGANIZACIÓN INTERNA DE LA DIÓCESIS DE RODA

Bueno será echar una mirada re­trospectiva sobre aspectos parciales de la geografía diocesana rotense, su organización pastoral, estructura económica y alcance cultural.

Dimensión geográfica. No es posible encontrar "en medio de aquellos trans­tornos, la misma regularidad en el deslinde y fijeza de Diócesis ... que en tiempos ordinarios". Con todo,·los datos dan una idea aproximada de su área geográfica y su desarrollo.

En su formación cabe distinguir tres períodos: uno que va desde sus primeras manifestaciones, hasta la muerte de Sancho el Mayor ( 1035); el segundo que alcan­za el año 1100; y un tercero que finaliza poco antes de su traslado definitivo a Lé­rida .

Primer período : Las Crónicas Ribagorzanas especifican que, los obispos Atón, Oriulfo, Odsendo y Aimerico episcoparon en los tres condados de Pallars, Riba­gorza y Sobrarbe, más el Valle de Arán. Y estos comprendían en total, desde el Valle de Sort incluida Conca de Tremp por Oriente, hasta Matidero a Occidente; y desde la frontera franco-aranesa por el Norte, hasta el Montsech, Morrón de Güel y La Fueva por el Sur. La versión de la Crónica resulta coherente con el hecho de que en estos territorios regían los descendientes de Ramón I, que defendieron y trabajaron con tesón la independencia del país en múltiples aspectos, -el religioso entre ellos-, y hay datos docu mentales de las actuaciones de aquellos obispos en estas comarcas.

Las citadas Crónicas puntualizan además, que fue, el conde Suñer, casado a la sazón con Toda de Ribagorza, quien dividió el obispado, devolviendo el Pallars a Urgel, de donde fuera desmem brado años antes . Ello ocurría hacia 1010, cuando Ribagorza se hallaba en plena decadencia política. Entonces, los límites orientales se contraen, afirmándose en las sierras y lagos de San Mauricio (oriente d e Tahull ) y San Gervasio (junto a Espluga de Serra que marcan las afluencias de ambos No­gueras, el Ribagorzana y el Pallaresa. Nada ilógica veo tal afirmación, existiendo actuaciones documentadas de los obispos rotenses por estos pagos antes de la división de Suñer. No obstante Abadal encuentra dificultades en admitir la aser­ción de la Crónica, debido a la presencia, también, de los obispos urgelitanos en algunos puntos de Pallars. Pero ni la posición de los obispos de Roda debió estar muy consolidada, ni les faltarían vacilaciones a los de Urge!, sobre todo, mientras hubo cohesión en las relaciones entre las casas condales de Ribagorza y Pallars.

A comienzos del XI , tenía lugar la rebelión del Valle de Arán, aprovechando el desgobierno de Ribagorza. El intento de volverle a la obediencia, costará la vida a Guillermo lsarnez en 1017, y no podemos dar razón de las andanzas religiosas de aquel Valle desde entonces.

La línea fronteriza por debajo de Montañana, Castigaleu, Güel, Fantova, viene aconsejada por estos datos. En 904 el Castro Santo (Castisent). frente a las estri­baciones ·septentrionales del Montsech, es asaltado por el Valí leridano Lupo lbh-Mhamed en su incursión sobre Pallars; por estas mismas fechas los monjes de Santa María de Obarra ya actuaban en Besiáns y Santaliestra -cuenca del Esera, en una finca que les habían regalado; en 960 el obispo Odisendo de Roda consagraba Santa Cecilia de Fantova; en 996 el obispo Jacobo Santa María de Güel ; y Borrel San Martín de Montañana en 1026. En la elección del obispo Borrel de Roda, en Seo de Urgel el 21 d e noviembre de 1017, tomaba parte el caballero Abón de Troncedo, dato suficiente para la identificación cristiana de este lugar en­tonces. Y de Pano, si las trazas de su iglesia de San Antón no convencen, tenemos la cesión de excusados, allí, en Trillo, Salinas, Palo y Formigales , hecha a San Vicente de Roda por el glorioso rey Don Sancho, antes de su muerte en 1035.

La frontera occidental la fijan también las Crónicas Ribagorzanas en Mati­dero, en tiempos de Ramón II  ( 950-964?) : es decir que allí terminaban los te­rritorios gobernados por este conde; y por tanto en lo espiritual se adjudicaban al obispo Odisendo , hijo suyo; pese a que de las actividades de los obispos rotenses, más hacia Occidente , en este primer período, sólo conocemos la consagración de Santa María de Campo en 959 y la de los Santos Juan y Pablo de Tella en 1018 por el obispo Borrel. Los obispos de Aragón, que también se intitularon de Sobrarbe, llevaban vida más nómada aún, que los de Roda . y en caso de pontifi­car por estas tierras, lo hicieron sin mediar litigio con aquellos.

Segundo período (1035-1100)Del segundo período, que va desde la muerte de Sancho de Navarra, hasta fin de siglo, tenemos dos noticias de cierta precisión: la carta del obispo Salomón y la concordia del año 1080 entre los obispos de Roda y Jaca.

La carta de Salomón se refiere a su etapa pontifical anterior al año 1076 y dice que los límites d e su diócesis, entonces, eran del Cinca al Noguerola y de Be­nasque a Benabarre. El río que Salomón llama Noguerola es el río Tor que baña el valle de Bohí. Además son pruebas de la jurisdicción rotense en aquel valle, así como en las vertientes orientales de todo el Ribagorzana, la posesión del. Barrabés incluídos Llesp y Col l ; la consagración de San Juan de Viu de Llevata realizada por San Ramón en 1108; las pertenencias del monasterio d e Alaón, anexo a Roda, en va rios pueblos de la margen izquierda del Valle; y la donación de San Esteban de la Sarga a San Ramón en 1 110.

Merced a los éxitos militares de Ramiro I, los límites meridionales ya se ha­bían corrido algo hacia el Sur en tiempo de Salomón . Según parece, en 1040 ya poseía Lascuarre, donde el rey celebraba vistas con el obispo Eribaldo de Urgel; en 1049, ocupaba Perarrua ; y entre 1060 y 1062, estrechando el cerco de Graus, tomaba Viacamp, Tolva , Puebla de Fantova, Panillo , Benavente de Aragón y aca­so, Torres del Obispo. A poco de venir Salomón a Roda, había tenido . lugar la primera conquista de Barbastro , que se perdió de nuevo ; y poco antes de dimitir el obispo, Sancho Ramírez le suplicaba por carta que proveyese a las· necesidades pontificales de la iglesia de Alquezar; petición , que no sabemos pudiera atender Sa­lomón por alcanzarle el relevo .

Por lo que se refiere al límite Cinca , Arnulfo lo cruzó hacia 1060 para consa­grar San Félix de Ainsa. Aunque Salomón ya aceptó de hecho la línea fluvial co­mo frontera occidental de sus dominios, la concordia de 1080, entre los obispos R . Dalmacio y García, la elevó a estado de derecho.

La concordia, además, previendo la expansión del reino y la dilatación de los dos obispados hacia el Sur, establecía la divisoria con Huesca -Jaca en el río Alca­nadre, partiendo de la Sierra de Arbe en una línea de E. a W. por encima de Naval, Salinas y Alquezar, acuerdo que altera ron los conflictos posteriores .

Tercer período (1100-1 149). A parte de los corrimientos de la frontera a causa de los avances de la reconquista y conflictos en el sector occidental, en este tercer período hemos de señalar la cesión a Seo de Urge! en 1140 de algunas comarcas septentrionales del obispado, como el Valle de Bohí, Vall Señiu (no Sened como se ha mal leído), la ribera derecha del Ribagorzana, con Montañana, Chiriveta, Arén etc. y San Esteban de la Sarga en la orilla opuesta. Quizás estas cesiones, que no ve­mos compensadas al de Roda, se harían a cambio de que el de Urgel no reclamase derechos sobre Lérida, -cuya conquista era inminente-, a donde, el de Roda, proyectaba trasladarse.

Dimensión pastoral de la Diócesis de Roda. Organización territorial y juridi­ca. Resulta asimismo imposible dar una idea exacta de la estructura interna del obispado de Roda. Sobre una geografía rota y alterada se mueven obispos, monasterios, clérigos, magnates y seglares, en una escala de competencias difícil de siste­matizar. Sólo un intento de recopilación y síntesis puede perfilar los contornos de un panorama en sí difuso.

Dos etapas podemos definir con claridad : la anterior a la constitu­ción de la Canónica Rotense en 1092; y la posterior a esa fecha. La primera representa un período de formación, vacilante e impreciso. La segunda, jurídicamente más sólida, ya ofrece más detalle y concreción.

1.ª Antes de la creación de la sede, se confían a los monasterios, apostados en las cuencas de los ríos, los cuidados religiosos en sus respectivas áreas de influencia, bajo la tutela lejana del obispo de la Seo de Urgel a Oriente, y quizás, los obispos mozárabes de H uesca o Aragón por occidente. Recientes in estigaciones enumeran 19 de estos monasterios enclavados en el territorio primitivo ya descrito ; 8 en Pallars, otros 8 en Ribagorza y 3 en la porción de Sobrarbe anexa a Roda. Entre ellos sobresalen San Pedro de Burgal y San Vicente de Gerri en el Alto Pallars, que cuentan con el refuerzo de las iglesias de Sort, Esterri de Aneu y Ribera de Cardós; además de Santa María de Tremp en el Bajo Pallars, Santa Grata de Senterada y San Ginés de Bellera en el Flamisell.

En Ribagorza prima el de Santa María de Alaón, con quien se repar­ten todo el valle Ribagorzano, Santa María de Labaix y San Andrés del Valle Arravense; Santa María de Obarra, San Miguel , y San Esteban pas­torean el Valle del lsábena; San Pedro de Tabernas y San Justo y Pastor de Orema ( Aurigema o Urmella ), trabajan el "pagus Xistabiense" o Va­lle del Esera y cabecera del Cinca ( Campo, El Run, Benasque y Valle de Xistau ). 

En Sobrarbe sabemos de San Juan de Matidero en las fuentes del Al ­canadre, San Andrés de Rava, a orillas del Ara, junto a Broto y el de San Torcuato, según parece, por las cercanías de Labuerda. Todos ellos actúan mucho antes de que se registren los primeros datos fide­dignos de San Victorián de La Fueva.

Varios de ellos eran de origen visigótico; otros nacían tras los primeros pasos de la recuperación cristiano-pirenaica; y todos, surgidos de la ruina o de la nada, bastante hicieron durante el siglo IX con mantenerse en pie e irradiar sus débiles i nfluencias allí donde rad{caban; y acaso, contribuir con su esfuerzo al desarrollo de sus contornos. Se comprueba que los que estaban más al alcance de los cuidados episcopales, como los del Alto Pallars, presentan un programa de realizaciones más concreto . Ello se debe a que la labor de catalogación diocesana, intensificaría su esfuerzo en las cercanías. A los que caían lejos de la mirada y el aliento del obispo, como Alaón, Obarra, Labaix y Taberna, pudo faltarles aquel estímulo, y fue menos intensa la obra de archivo . Con todo, al socaire de la independencia Ribagorzano-Pa­llaresa, hacia fines de esta centuria, se dibuja cierto movimiento inicial de expan­sión : el monasterio de Santa María de Obarra se compromete a fondo en el sector de Santa liestra y quizás, tuvo que ver en la edificación de Santa María de Campo, destruída poco después. Pero, cuanto hubo antes, o se hizo después, quedó desba­ratado por la invasión de Al -Tawil el año 907; y tras el la hubo que emprender una nueva etapa de reorganización . 

Los mismos condes, que basaron su política en la promoción religiosa, mien­tras persiguen el empeño de dotar el país de obispo propio, no dejan de favorecer el progreso de los monasterios: Bernardo restaura Obarra y redota Labaix y Alaón; lo mismo hacen los condes de Pallars con San Pedro de Burgal ; mientras el obispo Atón consagra San Andrés del Arravense. El empeño, por fin, cristaliza en la erec­ción de la sede ribagorzana, como piedra angular de esta reorganización.

Al calor de esta política y aliento episcopal , en todo Ribagorza despierta una actividad inusitada en la segunda mitad del siglo X. Condes, monasterios, clérigos y fiel es parecen rivalizar en la construcción de iglesias. El mismo San Vicente de Roda se levanta en 957; Santa María de Campo se restaura en 959 ; Santa Cecilia de Fantova se consagra en 960; Santa María de Pedrui; San Esteban del Mali en 972; Santa María de lscles y San Julián de Vall Señiu en 987; San Pedro de Lasta­nosa ( Roda) en 988; Santa María de Güel en 996 . El obispo Odisendo y su suce­sor Aimerico, cabalgan estos parajes para depositar su consagración en los nuevos templos .

Como queda dicho, el esfuerzo que corona el siglo X  queda arruinado de nuevo con la acometida de Abd -AI Malik en el año 1006: calamidad que, como nunca, descargó con saña sobre todo lo religioso. La misma catedral de San Vicente y otras iglesias levantadas con gran sacrificio, fueron profanadas y destruídas y hubo que comenzar de nuevo. Pero la reacción es rápida y revela un ambiente socio-religioso consolidado. Podemos afirmar que hacia 1017 la iglesia ribagorzana había recobrado la normalidad. Lo revela la elección del obispo Borrel de Roda en Seo de Urgel, donde figura representada toda la iglesia Ribagorzana: los abades de los ocho mo­nasterios, los canónigos de San Vicente de Roda y un nutrido grupo de caballeros por el brazo secular que podían ser además propietarios o patronos de iglesias par­ticulares. Con tal base humana, la actividad restauradora adquiere ritmo casi fe­bril durante gran parte el siglo X I ; esta vez protegida por los reyes de Aragón que gorbiernan el territorio.

Uno de los que conocemos, y que más se distinguen en esta tarea de restaura­ción es el monasterio de Santa María de Obarra, reconstruyendo desde sus cimientos, San Clemente de Raluy en 1007; San Andrés y San Aventín de Montenegro Santa María de Fornons en 1018; Santa María de Nocellas en 1023: iglesias que luego de consagrarse, se adjudican al monasterio que así ve ampliada su área geo­gráfica hasta alcanzar las líneas musulmanas por debajo de Roda en el sector de Fantóva. También se levantó la espléndida basílica de Santa María junto al mismo monasterio. Monjes como Guitardo levantan Santa María de Cornudella, condes y fieles edifican San Mart ín de Montañana y Bisalibóns ( 1026-1060) .

La única clasificación jurídica que parece perfilarse con claridad en esta primera etapa, es la de iglesias parroquiales de derecho episcopal, parroquiales de dere­cho monacal, e iglesias de propiedad particular.

Las de derecho episcopal, son las que se adjudicaban sub jusione episcopi,-bajo potestad del obispo-, o parecida fórmula, que especificaba su anexión directa a la sede. Tenemos el caso muy preciso de Santa María de Campo y Santa Cecilia de Fantova . Y aunque la fórmula se omitiese cabe pensar que lo eran todas las no vinculadas a monasterio o de propiedad privada. P. e., San Estebán del Mali, obra de los Condes, San Pedro de Lastanosa en Roda, Santa María de Güel , San Juan y Pablo de Tella, Santa María de Serraduy, Bisalibóns, etc., tendrían que pa­sar bajo administración y cuidados del obispo para su dotación de clero necesario. Las iglesias parroquiales de derecho monacal, son las vinculadas a un monas­terio, quedan bajo control y cuidados del mismo, y obedecen al obispo a través del monasterio respectivo que por este tiempo no habían obtenido la exención. El mo­nasterio las proveía de cura o monje y percibía las rentas, a reserva, quizás, de algún canon que cedería a favor de la sede. Estas parroquias monacales ofrecen per­files de distribución territorial, al quedar sujetas a este derecho las más cercanas al monasterio propio. El monasterio de Alaón encabezaba un nutrido grupo de dichas parroquiales, de las que conocemos la de Aulet, Santa María de lscles, San Pedro de Molíns, Santa María de Pedrui , San Martín de Arén, San Julián de Vall Señiu en el Alto Baliera, San Martín de Castanesa, las del Valle de Orrit, Miralles y Llas­tarri, etc. De Obarra se conocen algunas junto al mismo monasterio, como Calvera, Castrocid, Moréns, y otras eh Nocellas, Santa liestra, Fantova, Fornóns, Cornudella y Estet. El de San Victorián -surgido a mitad del XI, se hizo muy pronto con varias en la Alta Fueva, como Charo, Fosado, Torrelisa, Los Molinos, San Félix de Ainsa, etc. La carta del obispo Salomón nos informa de la obediencia al obispo a través del monasterio y de la sumisión de éste. 

No ocurría lo mismo con las iglesias particulares. Estas gozaban fuero espe­cial que, en principio, tal vez intentaba fomentar la construcción de tales templos, que . más tarde sirvieron para allegar fondos para la guerra. Podía ser propietario o patrón de tales iglesias cualquier persona, clérigo o seglar , en cuyo beneficio ce­dían las rentas, oblaciones o "defunciones". La iglesia particular formaba parte del acervo patrimonial del propietario y era un "negocio" que excitó la codicia de muchos magnates y caballeros, quienes para sustraerlas de la vigilancia y control del obispo, a legaban precisar sus rentas para sufragar gastos de guerra. La tensión entre reyes y magnates, obispos y clero fue seria y queda relajada en la famosa penitencia de Sancho Ramírez en Roda y en la ya aludida carta de Pedro I al Papa Urbano II, quejándose de la pretensión episcopal de someter tales iglesias a su jurisdicción.

Quedaban excluídas de la posesión de iglesias las mujeres. Lo ilustra un caso típico. Blanderico, presbítero casado y cortesano condal, había fundado la iglesia de Santa María de !seles, que consagró el obispo Odisendo . Blanderico al morir sin disposición testamentaria, dejó la iglesia sin cura ni monje que la cuidase y en manos de la viuda lo que la ley no tolera, por lo que el conde Unifredo hi­zo donación de la misma al monasterio de Alaón en 979.

2.ª Los movimientos de reforma de finales del XI aportaron nue­vos elementos en la organización pastoral de las diócesis. Las exencio­nes monásticas suscitaron la necesidad de precisar los límites territo­riales con las vecinas y obligaron a una mayor definición de competencias territoriales y jurisdiccionales dentro de ellas. Por otra parte, la implantación de las Canónicas Agustinianas y la urgencia de dotarlas, forzó a una redistribución administrativa del territorio intradiocesano. Así es, como, dentro de la penumbra en que nos movemos,- la constitu­ ción de la Canónica Rotense en 1092 y otros datos posteriores, ofrecen algunos destellos de claridad sobre la organización diocesana, que mere­cen especial atención.

Distribución territorial. Arcedianatos y prioratos. En la Canónica rotense, fi­ guran como dignidad es de primer rango los arcedianos de Ribagorza, Pallars, Benas­que y Tierrantona, más los priores de San Andrés del Valle Arravense y San Martín de Caballera . A partir de la traslación a Barbastro se le agrega el arcediano de Bar­bastro y el prior de Monzón. A las dignidades en cuestión correspondía la titula­ridad de las unidades territoriales diocesanas conocidas por arcedianatos y priora­tos, que al estar representadas en el capítulo catedralicio, como órgano gestor del quehacer pastoral, constituían la base de sustentación económica del propio tí­tulo.

Sólo por aproximación podemos calcular la extensión y límites de estas unidades geográfico-diocesanas que, por otra parte, presentan muchas alteraciones en su continuidad , ya que muchas iglesias dentro de ellas caían fuera del derecho ar­cedianil y sus rentas, si no eran de competencia directa de la sede, podían serlo de un monasterio, o de otra entidad o persona particular.

Los arcedianatos rotenses, parecen tomar como eje las cuencas fluviales. El de Ribagorza abarcaba casi todo el Valle del lsábena. Suponemos que incluiría Las­paules por el Norte, y sabemos con seguridad que le correspondían, por el Sur, Agui­lar, Güel , Lascuarre, Juseu y Aguinaliu, con todo el territorio dentro de estos lí­mites, hasta más allá de Benabarre y Tolva. En él hay que descontar todas las po­sesiones del monasterio de Obarra, que se llevaba buen pellizco en toda la zona comprendida entre las Fuentes de San Cristóbal y Sierra de Ballabriga, y otro encla­ve en el sector de Fantova, más el Valle de Nocellas. El de Alaón también diezmaba en San Bartolomé de Calasanz, Alíns del Monte y Azanuy.

El de Pallars debió comprender todo el Valle del Noguera Ribagorzana y afluentes a partir de Montañana. El nombre de Pallars se le reconoció porque hasta muy adelantado el siglo XI, sin dejar de pertenecer a la mitra de Roda, estuvo in­cluído en el feudo de los condes de Pallars . Además desde comienzos del XII los condes de Erill tuvieron hegemonía en él. Las rentas arcedianiles de Pallars debie­ron ser muy magras y poco estimulantes, pues aparte de las iglesias propias de los Erill, estaban las vinculadas a los poderosos monasterios de Alaón, Labaix y priorato de San Andrés del Barrabés, y por eso causaría pronto baja en las menciones del capítulo de Roda.

Correspondía al arcedianato de Tierrantona, toda La Fueva entre el Cinca y el Esera. Acaso por el Norte pudo llegar hasta Laspuña; Perarrua, Capella y cerca­nias le pertenecieron; y por el Sur llegó hasta Olvena, Puy d e Cinca, Secastilla y Castro. Se deduce de una relación de rentas decimales de los años 1279 y 1280 y de las raciones que el arecdiano de Tierrantona, desde Lérida, pagaba a la iglesia de San Julián de Capella. Quedaba excluido casi todo lo mejor, que correspondía al monasterio de San Victorián : La Alta Fueva, Graus, Torres de Esera, Egep, Torre de Obato y multitud de enclaves que tenía en Murillo, Tierrantona mismo, Muro y Troncedo etc.

El arcedianato de Benasque, también llamado de Las Montañas, comprendía desde Merli al Sur, hasta Bielsa al NW: como figura en las relaciones citadas, y por lógica geográfica, hay que incluir en él los valles del Xistau y Bardají, a excepción de San Pedro d e Tabernas, Urmella, Senz y contornos que pertenecían a San Victo­rián, que además poseía iglesia propia en Chía, Bisaurrí y quizás en Villanova, con bienes múltiples en Eriste, Belveder, Llert etc.

Formaban el priorato de San Andrés de Arravense, la casi totalidad de las iglesias del Valle Ribagorzano al Norte de Pont de Suert, con las de Castillón de Tor, Llesp y Coll y algunas más del Valle del Saliera. Tal vez era el que ofrecía mayor cohesión, pues sólo consta de él que Estet correspondía al monasterio de Santa María de Obarra.

Al priorato de San Martín d e Caballera pertenecieron Santaliestra y Besians con algo más de aquellos contornos. Pero a mediados d el siglo XIII el prior de San Martín queda silenciado en el Capítulo Rotense y sustituido en sus funciones por el abad de Santaliestra o de Besians. Me figuro que el rector de San Martín, abando­nando lugar tan inhóspito, trasladaría su asiento y titularidad a cualquiera de las dos parroquias ribereñas de su priorato.

A partir del traslado a Barbastro, figuró en el Capítulo la dignidad de arcediano de este título y su demarcación se ajustaría a la franja entre el Cinca y Alcanadre a excepción de lo que componía el honor de Alquezar -cabeza d e una extensa co­marca por el Noroeste- y varias iglesias más, en la orilla derecha del Bajo Cinca que eran del priorato de Santa María de Monzón, como Conchel; o de Alquezar, como Castejón del Puente.

También el priorato de Monzón debió comenzar a organizarse tan pronto se consolidó el cristianismo en la comarca. En zona tan conflictiva y musulmanizada, el proceso debió presentarse lento y problemático al principio: pero vencidas las dificultades, el capítulo de Roda pudo enorgullecerse un día con la dignidad prio­ral de Monzón. Su territorio coincidiría con el denominado Reino de Monzón que conservó tal título aún en avanzada época cristiana. La elección de prior de su igle­sia era competencia del capítulo rotense y recaía en un canónigo de esta iglesia. Son varios los priores rotenses que regentaron el priorato de Monzón antes de ascender a la prioral de Roda; y en alguna vacante de esta dignidad, es el prior de Monzón quien asume la representación del Capítulo. Con el tiempo, la iglesia de Monzón se convertirá en Colegial, desmembrada de Roda; la provisión de su priora­to pasa a competencia del obispo o del Papa, y a Roda sólo se le reserva la provi­sión de la Sacristanía. En lo que pudo ser priorato de Monzón, hubo también en­claves monásticos, como el de Alcolea de Cinca que ostentaron los monjes de San Víctor de Marsella o el de Chalamera que fue de Alaón; y sobre todo hay que destacar el poder e influencias de los Templarios que ensombreció mucho la presencia de Roda allí.