Ramiro II el Monje. 2
por  D. Juan Antonio Cremades Sanz-Pastor

CONTINUACIÓN

Y naturalmente no podemos dejar de preguntarnos ¿cómo llega el monje a Rey de Aragón?

Alfonso I el Batallador no tenía descendientes. Hizo testamento en octubre de 1131 durante el sitio que puso a Bayona y, tras la derrota de Fraga el 17 de julio de 1134, lo confirmó en Sariñena el 4 de septiembre siguiente. Fallece tres días después en Poleñino.

En dicho testamento

Yo Alfonso Rey de los Aragoneses, Pamploneses, Sobrarbienses y Ribagorzanos. Meditando y dando vueltas en la mente que la naturaleza hizo a todos los hombres mortales; resolví en mi ánimo mientras disfruto vida y salud, ordenar cómo ha de quedar después mío el Reino que me fue concedido por Dios, mis posesiones e intereses. Por ello temiendo al juicio divino, por la salud de mi alma, y también por la de mi padre y de mi madre, y la de todos mis parientes, hago este testamento por Dios y Nuestro Señor Jesucristo, y todos sus Santos.

Para después de mi muerte, dejo como mi heredero y sucesor, al Sepulcro del Señor que está en Jerusalén y a los que guardan y lo conservan y allí mismo sirven a Dios; y al Hospital de los Pobres que hay en Jerusalén; y al Templo de Salomón con los caballeros que allí vigilan para defender el nombre de la cristiandad.

A estos tres concedo todo mi reino: también todo lo que tengo conquistado en toda la tierra de mi reino.[1]

Los nobles aragoneses concluyeron rápidamente que no cabía cumplir el testamento del Batallador, no solo porque el reino de Aragón no se podía dejar en manos de tres órdenes eclesiásticas implantadas en la lejana Tierra Santa, sino porque iba contra el derecho aragonés. El rey podía disponer de lo que había conquistado a los musulmanes -por ejemplo, Zaragoza-, pero no de lo recibido de sus antepasados, que debía ir a los herederos de sangre. La normativa sucesoria aragonesa había sido claramente definida en su testamento por el fundador de la dinastía, el rey Ramiro I, abuelo del Batallador: el reino se transmite al hijo y al nieto varones; si se agota la estirpe, la mujer transmitía la potestas regia, pero la ejercía el marido que se le eligiese; si no, los barones de Aragón deben designar al que les parezca mejor entre mis gentes[2].

El Batallador fue derrotado en Fraga el 17 de julio de 1134. En la lid falleció el obispo de Roda Pedro Guillermo. De antiguo, Roda tenía el privilegio de nombrar a sus obispos, de manera que el clero y los nobles rotenses eligieron inmediatamente al hermano del Batallador[3]: un documento del siguiente mes agosto menciona en la data, entre las personalidades que acompañan, a Ranimirus electus in Barbastro et in Rota[4].

Algunos dicen que Alfonso fomentó dicha elección para que su hermano pudiera más difícilmente hacer acto de candidatura al trono oponiéndose a la ejecución del testamento del Batallador. Si tal fue su intención, no consiguió su objetivo. Alfonso I fallece pocas semanas después -el 7 de septiembre- y, fechados en ese mes de septiembre, se conocen dieciséis documentos donde Ramiro se presenta como Rey por la gracia de Dios y también en muchos de ellos como obispo electo de Roda y Barbastro. Además están fechados tres en Barbastro, uno en Castro (donando a los canónigos de Roda los tres claveros suyos que se encuentran en dicha ciudad. Roda fue beneficiada con grandes donaciones de Ramiro), dos en Tierrantona (en uno de los cuales dona a la Iglesia de Roda la villa de Muro Mayor), dos en Jaca, cuatro en Huesca, uno en Almuniente y tres en Zaragoza. En uno de estos documentos zaragozanos -fechado en el último día de ese mismo mes de septiembre- da la población de Grisén a los caballeros de Zaragoza que salisteis a buscarme cuando vine a Zaragoza por San Miguel[5].

Lo cual demuestra que, desde su diócesis donde se encontraba, comenzó a recorrer con toda rapidez el reino para que todo Aragón lo reconociera como rey: los dos documentos de Tierrantona están fechados per nativitas sancte Marie, el 8 de septiembre, o sea el día siguiente al fallecimiento de su hermano, aunque como sugiere Longás[6], per no fija el tiempo taxativamente, sino más bien denota un lapso de tiempo corto, pero indeterminado. O sea que pudo ser dos o tres días después de la fiesta de la natividad de la Virgen.

En el documento otorgado en Jaca, concede franquicias a los vecinos de dicha ciudad porque fuisteis los primeros en elegirme rey[7]. La Crónica de Alfonso VII de Castilla dice efectivamente: Congregáronse, pues, caballeros nobles y no nobles de toda la tierra de Aragón, así como los Obispos y los Abades, y todo el pueblo y se congregaron todos conjuntamente en Jaca, ciudad real, y eligieron por su Rey cierto monje, hermano del Rey, llamado Ramiro[8]. O sea que, a su paso por Jaca, lo aclamaron como Rey, no en Cortes, sino en una reunión popular.

Fue reconocido efectivamente en Aragón, mas no en Navarra, donde se impuso García Ramírez, descendiente ilegítimo del rey García Sánchez III de Pamplona.

No entraré en todo lo sucedido durante el reinado de Ramiro. Por ejemplo, en sus negociaciones con Alfonso VII de Castilla, que invocaba su condición de heredero de Alfonso el Batallador -según los pactos matrimoniales de este con Urraca- para apropiarse de Zaragoza, de la que podía disponer el Batallador al haber conquistado este reino, no heredado pues de sus antepasados. Ramiro buscó una sabia solución: entregó el reino de Zaragoza al rey de Castilla, mientras este viviera, volviendo a su muerte a manos del rey de Aragón, aunque de hecho lo devolvió al cabo de un año. Ello explica que el escudo de la Inmortal Ciudad ostente el león rampante de los reyes de León.

Sí mencionaré especialmente el prohijamiento hecho con García Ramírez en enero de 1135 en Valdoluengo. Se pactó que García Ramírez quedaría como rey de Navarra, pero reconocería la soberanía de Ramiro. El navarro tendría a su cuidado los asuntos militares y el mando del ejército y el aragonés gobernaría sobre todo el pueblo. Ramiro sería pater y García Ramírez filius. Este heredaría la totalidad de los dominios de Ramiro. Así García Ramírez era considerado hijo del rey, que por ser monje no podía tenerlos. Dicho pacto fue, sin embargo roto, porque el navarro buscó el apoyo del rey castellano Alfonso VII para afirmarse en el trono y se hizo vasallo suyo en mayo de 1135.

Y analizaremos ahora uno de los hechos relevantes del reinado. ¿Es la campana de Huesca historia o leyenda?

A Ramiro II el Monje le conoce el común de los mortales como el de la Campana de Huesca. Todos piensan enseguida en el cuadro de Casado del Alisal que está en el Museo de Huesca o en las obras literarias famosas, como la comedia La campana de Aragón del gran Lope de Vega o la novela La campana de Huesca de Antonio Cánovas del Castillo[9]. Pero el episodio ha inspirado muchas más obras, hasta una zarzuela titulada La Campana de Huesca, publicada hace un siglo en una colección de zarzuelas infantiles[10].

Ciertamente existe un relato antiguo del acontecimiento en la Crónica de San Juan de la Peña, escritahacia 1342, o sea dos siglos después de que los hechos hubieran tenido lugar. Dice en su versión aragonesa que traduzco al castellano actual:

Este Don Ramiro fue muy buen rey y muy liberal y generoso con los nobles y caballeros, de manera que les dio muchos lugares del Reino. Sin embargo lo despreciaban y hacían guerras entre ellos y mataban y robaban a las gentes del reino.

Para encontrar remedio a dicha situación, envió un mensajero a su Monasterio de San Ponce de Tomeras, con cartas a su maestro, llamado Fforçado [Frotardo] porque es costumbre y regla de los monjes negros que a todo novicio que entra en la Orden le dan un monje de los ancianos por maestro. Y según lo que merecía Don Ramiro le dieron un maestro muy grande y muy bueno.

En las cartas le contaba el estado de su reino y la mala vida que le hacían pasar los grandes de su Reino, rogándole que le aconsejase lo que tenía que hacer.

El Maestro que había recibido las cartas con gran placer, pensó que incurriría en irregularidad si le aconsejaba que hiciese justicia. Llamó al mensajero al huerto en el cual había muchas coles y sacó una navaja de vendimia que tenía y, con la carta en la mano y leyéndola, talló las coles mayores que había en el huerto, y quedaron solo las pequeñas. Y dijo al mensajero: "Vete a mi señor el Rey y dile lo que has visto, que no te doy otra respuesta".

El mensajero, con pena por no haber obtenido respuesta, volvió a ver al Rey y le dijo que no habían querido darle ninguna contestación. El Rey sintió una gran tristeza. Pero cuando el mensajero contó lo que había visto, pensó que aquel huerto podría ser su Reino y las coles las gentes de su Reino, y que para hacer buenas coles hacía falta carne.

Inmediatamente envió cartas a nobles, caballeros y ciudades mandándoles que fueran a Huesca un día determinado para celebrar Cortes. Indicaba que quería hacer en Huesca por unos maestros franceses una campana que se oyese en todo el Reino.

Cuando oyeron esto, los nobles y caballeros dijeron "Vayamos a ver qué tontería quiere hacer nuestro Rey", puesto que lo apreciaban poco.

Y cuando estaban en Huesca, hizo el Rey que unos secretarios suyos estuvieran armados en su cámara diciéndoles que hicieran lo que él les mandara. Y a medida que venían los nobles y caballeros, los hacía llamar el Rey uno a uno a consejo. Así como entraban en su cámara ordenaba descabezarlos. Llamaba a aquellos que habían cometido culpas contra él. De esta manera descabezó doce ricohombres y otros caballeros antes de comer. Y habría descabezado a los demás de no ser que los que estaban fuera lo presintieron, no se sabe cómo, y huyeron.

Sigue la lista de los ejecutados y acaba el relato diciendo

Muertos estos y huidos los otros, el Reino sosegó en paz y tranquilidad[11].

El texto de San Juan de la Peña presenta problemas: por ejemplo, cita entre los personajes ejecutados algunos que, aunque han existido, no vivían en tiempos de Ramiro.

Sin embargo, Antonio Ubieto Arteta en su estudio La Campana de Huesca aportapruebas suficientes sobre la realidad de la misma.

Aunque sea posterior de dos siglos a los hechos narrados, la Crónica de San Juan de la Peña reproduce -prosificándolo- un cantar de gesta muy anterior, que Antonio Ubieto ha reconstituido encontrando las estrofas ocultas en el texto[12].

Por otra parte, los Anales Toledanos Primeros dicen que en año correspondiente al reinado de Ramiro mataron las potestades en Huesca. El Fuero General de Navarra indica igualmente que en 1135 fueron las potestades en Huesca. Ambas crónicas copian un texto común que, según Ubieto, estaba ya escrito antes de 1188.

Estudiando los señores "tenentes" -es decir, que "tenían" los castillos en nombre del rey- Ubieto constató que hay siete caballeros de los que no se sabe nada después de los meses de julio-agosto de 1135. Sus "tenencias" no fueron heredadas por sus hijos o familiares. Ahora bien, un documento del anterior mes de diciembre señala que los infanzones o barones solo las perderían por muerte de su señor, por cometer adulterio con la mujer del señor o por atender con la "honor" recibida a otro señor. Las dos primeras hipótesis no pueden ser contempladas porque Ramiro vivía y estaba todavía soltero. Queda pues la pérdida de la tenencia por traición al rey.

Ubieto se refiere a una historia escrita en el siglo XIII por el musulmán Ibn 'Iᶁāri, recientemente publicada. En ella se indica que en el año 529 de la Hégira -del 22 de octubre de 1134 al 10 de octubre de 1135- se convino la paz entre Abengania, gobernador musulmán de Valencia y Murcia, y el Rey Ramiro II, paz válida hasta el año siguiente. Después de la firma del tratado, dice dicha historia

la gente de Aragón asaltó un convoy, que salió de Fraga en dirección a Huesca. Se apresuró el señor de Fraga a notificarlo a Ramiro II, quien hizo presentarse a los principales de los sacerdotes y monjes, y a los personajes cristianos [...]. Y dijo el rey: "¿Y qué pensáis del que ha roto lo que yo pacté, y ha deshecho lo que yo acordé, y son fulano y fulano?" Y nombró hasta siete de sus grandes y caudillos. Le dijeron: "Tuyo es el juicio, al oponerse a ti". Y mandó a estos presentar lo robado al convoy, y cuando se recobró, mandó decapitarlos, y pasó lo robado a sus dueños.

Siete grandes y caudillos son ajusticiados en 1135 según la crónica musulmana y siete son los "tenentes" desaparecidos en julio-agosto del mismo año. Concluye Ubieto diciendo: Así, la Campana de Huesca tuvo un carácter ejemplar: el rompimiento violento de la palabra del rey se pagaba con la muerte.

Permítanme la osadía de proponer una rectificación a la tradición. La Crónica de San Juan de la Peña -seguida después por todos los que han escrito sobre la Campana- indica que Ramiro envió un mensajero a San Ponce de Tomeras para pedir consejo a Frotardo, que había sido su maestro. Esto plantea dos dificultades. Frotardo fue un prestigioso abad de San Ponce, como hemos visto, durante cuatro décadas, pero en 1135 había fallecido hacía 36 años[13]. Por otra parte, resulta un tanto curioso que -teniendo que hacer frente a un problema urgente de orden público- se envíe un mensajero al monasterio haciéndole recorrer entre la ida y la vuelta casi mil kilómetros. La versión latina de la Crónica de San Juan de la Peña no da base a las mismas dudas: ni menciona el nombre de Frotardo ni dice que el mensajero fuera a Tomeras. Se limita a indicar misit vnum nuntium cum litteris cuiusdam, qui fuerat magister suus in monasterio de Tomeras, envió pues su mensajero a quien fuera su maestro en Tomeras.

Y ahora recurro no a sabios historiadores, sino a quien encarna la historia viva de Roda de Isábena, por ser un eslabón de la cadena de transmisión de recuerdos: hablo de Angelita Ballarín, que siempre ha sido para mí -y sigue siéndolo aunque esté inmovilizada en una silla de ruedas con sus 90 años- una autoridad moral en el pueblo. Tiene sabias respuestas para todas las preguntas. Sonrío pensando en que, poco después de comprar mi casa, le pregunté: Angelita ¿hace aquí mucho frío en invierno? Y con gran sentido común me contestó: Juan Antonio, si hemos tenido obispos y canónigos durante diez siglos es que el clima es bueno. Pues bien, hace más de treinta años -y me volvió a confirmar el recuerdo cuando yo preparaba la presente conferencia- Angelitame dijo señalándome un arbusto que había en el huerto del Palacio: Este rosal lo llamábamos el de Ramiro II el Monje. Desgraciadamente no subsistió después de las obras de restauración de la casa.

Yo estoy convencido de que Ramiro no pudo tomar una decisión tan grave como decapitar a siete personajes del reino sin pedir consejo y asesoramiento. Pero no lo hizo enviando alguien a Tomeras, sino a Roda de Isábena para ver a Gaufrido. Había sido maestro de Ramiro en Tomeras y este se lo había traído a Aragón, donde fue nombrado capellán de la iglesia de Santa Zilia, dependiente de San Pedro el Viejo, priorato de San Ponce de Tomeras. Un documento de junio de 1033 indica Regebat ecclesia Sancte Cecilie Gauzfredus prior et capellanus iam dicti domni Raimiri, Sancii regis filii[14] [Regía la iglesia de Santa Cecilia Gaufrido, prior y capellán del ya mencionado don Ramiro, hijo del Rey Sancho]. Se encontraba en Roda de Isábena porque acababa de ser nombrado obispo de esta diócesis[15]. Ramiro nos indica que fue elegido a esa sede per me et post me[16] [por mí y para después de mí]. El viejo maestro -conocedor de las cosas de Aragón, porque llevaba años viviendo en Huesca y Jaca- vio claro lo que había que hacer, pero como hombre de iglesia no podía dar el consejo de matar a los responsables sin incurrir en irregularidad canónica. Recuérdese que la Inquisición se limitaba a declarar herejes a los convictos, abandonándolos al brazo secular para que este decidiera ejecutarlos. Por eso, culto como Ramiro -los monjes benedictinos eran en aquel entonces depositarios del saber-, recurrió a sus conocimientos clásicos para dar un consejo sin que se pudiera decir que condenaba a nadie. Y vino a su espíritu lo que el historiador griego Herodoto, del siglo V antes de Cristo, escribió en su Historias sobre Periandro, tirano de Corinto:

Despachó un heraldo a la corte de Trasíbulo para preguntarle con qué tipo de medidas políticas conseguiría asegurar sólidamente su posición y regir la ciudad con el máximo acierto. Entonces Trasíbulo condujo fuera de la capital al emisario de Periandro, entró con él en un campo sembrado y, mientras recorrían el trigal (...), cada vez que veía que una espina sobresalía, la tronchaba. Acabó por destruir lo más espléndido y granado del trigal. Y, una vez atravesado el labrantío, despidió al heraldo sin haberle dado ni un solo consejo[17].

Gaufrido cortó las rosas más hermosas y envió así un mensaje encriptado al Rey, que lo captó en el acto, decapitando a los responsables de los estropicios del reino. Bien se pudo decir -como concluye su obra Lope de Vega-:

Aragón, oye al segundo

Ramiro, pues hoy con castigo tan profundo,

porque aquesta es la campana

que se oirá por todo el mundo.

Esta Campana que se oyó en todo el mundo tuvo, pues, su origen en Roda de Isábena.   


Quizá para calmar definitivamente al reino, el Rey decidió contraer matrimonio.

Mucho se ha especulado sobre ello. Algunos pretenden, como Jerónimo Zurita en sus Anales de Aragón[1], que casó previa dispensa pontificia: para unos la concedió Inocencio II y para otros fue el antipapa Anacleto II. Incluso hay quien llega a decir que Ramiro no había sido ordenado sacerdote, ni tan solo diácono y que no alcanzó siquiera la condición de monje profeso, por lo que no estaba obligado al celibato.

No hay el menor rastro de la dispensa papal, siendo así que, de haber sido concedida, la hubiera publicitado ampliamente la curia real. Es además del todo improbable que pudiera existir: el Papado quería que se respetara el testamento de Alfonso I y que Aragón fuera gobernado por las tres órdenes militares eclesiásticas; ¿cómo iba en esas condiciones a conceder una dispensa para que Ramiro consolidara su dinastía en el reino?

En cuanto a su condición clerical, una bula de Pascual II, de agosto de 1115, refiriéndose a Ramiro como obispo electo de Burgos, indica ex Sancti Pontii monasterio fratrem quemdam in episcopum sibi elegerint[2]. El propio Papa lo califica, por lo tanto, de fraile. Además, que era eclesiástico sometido a la obligación del celibato lo reconoce él mismo, cuando en la confirmación en noviembre de 1137 de las donaciones hechas a la Catedral de Roda dice: Uxorem quoque non carnis libídine, set sanguinis ac proienici restauratione duxi[3] [tomé esposa no por deseo de la carne, sino por la restauración de la sangre y de la estirpe]. El popular adagio latino dice Excusatio non petita, accusatio manifesta. Está claro que la explicación dada prueba cumplidamente que el matrimonio era ilícito frente al derecho eclesiástico.

He dicho ilícito, no nulo. Solo el II Concilio de Letrán de 1139 crea el impedimento dirimente de orden sagrado que invalida el matrimonio del clérigo salvo dispensa papal. Ramiro se encontraba, pues, ante dos obligaciones contradictorias: la eclesiástica de continencia y la civil que le obligaba como rey a tener sucesión. Tras tratar en vano de resolver el problema con el prohijamiento fallido de Valduengo, dio prioridad a la obligación dinástica: iba en la misma dirección que cuando indica en el mencionado documento de confirmación de las donaciones a Roda que aceptó ser rey non honoris ambitione vel elationis cupidine, set sola populi inaru necessitate et ecclesie tranquillitate [no por ambición de honor ni por deseo de arrogancia, sino tan solo por la necesidad del pueblo sin guía y por la tranquilidad de la Iglesia].

Personalmente alabo su decisión: no me parece acertado encorsetar las cuestiones de conciencia en estrechas exigencias jurídicas. Estoy seguro de que el Papa Francisco lo hubiera comprendido. La tradición de Ramiro II se ha perpetuado en Roda: todos los que tuvieron como yo el privilegio de conocerlo saben que Mosen José María Leminyana -considerado por muchos "el último obispo de Roda, y como tal sucesor de Ramiro el Monje"- habría tenido los mismos criterios.

Lo cierto es que Ramiro casó en la Catedral de Jaca el 13 de noviembre de 1135 con Inés de Poitiers, hija del Duque Guillermo de Aquitania. Inés había tenido cuatro hijos de Aimerico Vizconde de Thouars, del que enviudó en 1127. Ofrecía pues garantías de fertilidad.

Petronila nació el 29 de junio de 1136. En octubre del mismo año está datado el último documento en el que se indica Ego Ranimirus, Dei gratia rex, simul cum coniuge mea Regina Agnes. La efímera unión había pues alcanzado su objetivo de asegurar una descendencia en la Corona del reino. Nacida Petronila, Inés desaparece y acaba sus días en el Monasterio de Fontevraud, en el valle del Loira.

Y cuando Petronila tenía apenas un año de edad, su padre firma en su nombre unos capítulos matrimoniales con el Conde de Barcelona Ramón Berenguer IV, de unos veintidós años.

Para comprender estos capítulos matrimoniales firmados en Barbastro el 11 de agosto de 1137 es necesario hablar de una vieja institución del derecho aragonés: el casamiento en casa.

Vieja, pero todavía viva y vigente. El actual Código del Derecho Foral de Aragón contiene en el Título sobre los capítulos matrimoniales un artículo 201 sobre las instituciones familiares consuetudinarias. En él se puede leer: Cuando las estipulaciones hagan referencia a instituciones familiares consuetudinarias, tales como [...] «casamiento en casa», [...] se estará a lo pactado, y se interpretarán aquéllas con arreglo a la costumbre y a los usos locales[4]. La institución sigue existiendo, como lo demuestra, por ejemplo, que un casamiento en casa haya motivado una Sentencia de la Audiencia de Huesca de 6 de julio de 2010[5], confirmada en casación por Sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Aragón el 26 de enero de 2011[6].

La casa tiene una importancia fundamental en el derecho aragonés y en la realidad cotidiana. Los habitantes de una casa son conocidos por el nombre que designaba a quien la creó, aunque hayan pasado muchas generaciones y a pesar incluso de que el bien pertenezca a otra familia por venta u otro título. Por ejemplo, en Roda de Isábena, las casas son Rafel, el Artillero, Sastre, el Portal, Molinero, Vicén, etc., y bajo tales vocablos son apodados sus moradores.

La casa no es solo el edificio en el que mora la familia. Comprende las personas que en ella viven, los servidores, las tierras y todas las posesiones. Lo esencial es la continuidad de la casa. De ahí que, en Aragón, la legítima hereditaria sea la colectiva de los descendientes: el testador puede legar todos sus bienes a uno solo de sus descendientes, al que considera más idóneo para asegurar que la casa subsista. Al heredero le incumbirá atender las necesidades de los demás miembros de la casa.

El que se casa en casa se hace hijo de la casa y no es simplemente un hijo político. La diferencia es considerable: si fallece el hijo de la casa sin descendientes, su cónyuge conserva el usufructo universal, pero no transmite la casa a los hijos que pueda tener de ulterior matrimonio, con lo que la casa puede extinguirse. En cambio el cónyuge casado en casa, sí que puede transmitirla -como hijo de la casa- a la prole de una nueva unión[7].

Los capítulos matrimoniales de Barbastro constituyen un claro ejemplo de casamiento en casa[8]:

En el nombre de Dios. Yo Ramiro, por la gracia de Dios rey de los Aragoneses, doy a ti Ramón, conde de los Barceloneses y marqués, mi hija como esposa, con toda la integridad del reino de los Aragoneses, como mi padre el rey Sancho o mis hermanos Pedro y Alfonso mejor siempre poseyeron y tuvieron, ellos o cualquier persona de ambos sexos por ellos, salvados los usos y costumbres que mi padre o mi hermano Pedro tuvieron en su reino.

Y te encomiendo todos los hombres de dicho reino bajo homenaje y juramento, para que te sean fieles de tu vida y de tu cuerpo y de todos los miembros que hay en tu cuerpo, sin ningún fraude y engaño, y para que te sean fieles de todo el reino citado y de todas las cosas a dicho reino pertenecientes, salvada la fidelidad a mí y a mi hija.

Todas esto yo el rey Ramiro de tal manera te lo hago a ti Ramón, conde de los Barceloneses y marqués, que si mi citada hija muriese, sobreviviéndole tú, la donación de dicho reino libre e inmutablemente tengas, sin ningún impedimento, después de mi muerte.

Pero entretanto, si algo de aumento o de transmisión de los honores o fortalezas de dicho reino, yo viviente, te quisiese hacer, bajo la citada fidelidad de los hombres que las detentan permanezca firme e inmóvil.

Y yo Ramiro sea rey, señor y padre en el citado reino y en todos tus condados, mientras me plazca.

Lo que es hecho el día 11 de agosto del año de la Encarnación del Señor de 1137, reinando el citado rey Ramiro.[9]

Por estos capítulos matrimoniales:

1) El Rey entrega su hija Petronila al Conde, para que se case con ella cuando tenga la edad. Con su hija le entrega como dote el reino de Aragón. La boda se celebró efectivamente en Lérida en agosto de 1150, al alcanzar Petronila la edad requerida de 14 años.

2) El Rey confía al Conde -ya hijo de la Casa de Aragón- la gobernanza del reino, que dirigió efectivamente con el título de Príncipe de Aragón. Eso permitió al Rey volver a San Pedro el Viejo, Priorato de San Ponce de Tomeras, dejando en manos de su hijo Ramón Berenguer, que nunca fue rey de Aragón, los cuidados y las responsabilidades del mando.

3) Ramón Berenguer reconoce al Rey de Aragón como rey, señor y padre, no solo del reino de Aragón sino también de sus propios condados. Claramente dice: Et ego prephatus rex Ranimirus sim rex, dominus et pater in prephato regno et in totis comitatibus tuis, dum mihi placuerit. Y Yo el Rey Ramiro seré Rey, Señor y Padre de todos los condados del Conde de Barcelona mientras me plazca. Y le plugo toda su vida.

El Conde de Barcelona se hizo, pues, hijo de la Casa de Aragón y vasallo del Rey de Aragón. Si alguien lo duda, que consulte el documento original de estas capitulaciones matrimoniales que se halla en el Archivo de la Corona de Aragón en Barcelona.

Por ello, el hijo que tuvo con Petronila fue Rey de Aragón y Conde de Barcelona, siendo, por lo tanto, Rey de la Corona de Aragón, que tanta importancia ha tenido en la historia.

Según Lope de Vega, la primera campanada de Ramiro se oyó por todo el mundo. La segunda campanada del obispo de Roda se sigue oyendo: Ramiro creó la Corona de Aragón, que siglos después, con Castilla, es España.

Eso me permitió decir a Su Majestad al Rey Juan Carlos que debería venir a Roda, porque él era descendiente de un Obispo de Roda.

Hay que confesar que esta campanada se les ha atragantado a algunos. Por ejemplo, es interesante un artículo publicado por Madame Ratazzi en la Nouvelle Revue Internationale de 1899[10], sobre Emilio Castelar, último presidente de la Primera República española -del que tengo, por cierto, una carta autógrafa suya de 5 de julio de 1895 en papel con membrete de El Diputado a Cortes por Huesca-. En dicha revista de 1899 se lee que Castelar espetó bruscamente un día a Guimerá, dramaturgo de Barcelona[11] y campeón del separatismo, "¿Qué esperar de un hombre que no ha perdonado todavía a Ramón Berenguer que se casara con Petronila de Aragón?".

El rey Ramiro se retiró de nuevo al convento de San Ponce de Tomeras, más concretamente a su Priorato de San Pedro el Viejo, y allí residió -sin que se hablara de él- hasta su muerte en Huesca el 16 de agosto de 1157[12]. Descansan sus restos en un sarcófago romano en la capilla de San Bartolomé de San Pedro el Viejo de dicha ciudad.

Seguro que, en su celda monacal, pensó en su episcopado de Roda de Isábena, Ciudad de la que Domingo Buesa -Presidente de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis de Zaragoza- indica acertadamente que es uno de los puntos de obligada referencia para construir la historia de Aragón[13]. Todos los recuerdos que vinieron a su mente los recibió a lo rotense: como escribió Mosen Leminyana, Roda sabe mirarse serenamente sobre su pasado, sin añoranzas. Cuando se refleja sobre su Historia, lo hace como punto de referencia, para hacer de su cada día salida esperanzadora hacia el futuro[14].

Durante estos veinte años llegaron a él toda clase de noticias.

Por ejemplo, el fallecimiento de Gaufrido, maestro suyo en el Monasterio y su sucesor en la sede episcopal, ocurrido el 22 de octubre de 1143, como lo recuerda la lápida que se halla al lado de la puerta de acceso de la Catedral al Claustro:

XI kalendas novembris obiit Gaufridus episcopus

Igual que en la inmensa mayoría de las 215 inscripciones funerarias rotenses -el Claustro de Roda es el que más tiene del mundo- no figura el año del óbito, solo el nombre del fallecido, el cargo que ocupaba y el día del deceso: lo importante es que el 22 de octubre de cada año los canónigos recen por el eterno descanso de su alma, sin importar que el fallecimiento haya tenido lugar hace más o menos siglos.

También la conquista de Lérida el 24 de octubre de 1149 por el Príncipe de Aragón Ramón Berenguer, con la ayuda de los ribagorzanos, entre cuyos efectivos figuraba el obispo de Roda, no sólo con bendiciones, sino con huestes propias y "grandes sumas tomadas de la mensa común de nuestros hermanos" del Capítulo de Roda[15]. De esta manera, Guillermo Pérez obispo de Roda pasaba a ser obispo de Roda-Lérida.

Igualmente las negociaciones de Ramón Berenguer con las órdenes de Tierra Santa, por las que estas renunciaron a los derechos que invocaban derivados del testamento del Batallador, contra importantes donaciones hechas en territorio aragonés, acuerdos que fueron confirmados ulteriormente por el Papa Adriano IV el 24 de junio de 1158, poniendo así definitivamente fin al contencioso[16].

Vio fraguarse la unión entre aragoneses y catalanes que perdura durante casi nueve siglos, ampliándose también hace 500 años al resto de los españoles. Hoy le entristecería ver cómo algunos quieren poner fin a la misma o deforman la realidad histórica hablando, no de la Corona de Aragón, sino de una inexistente corona catalano-aragonesa. Y no digamos nada de los que pretenden quitarle el nivel de Rey y reducirlo al de gerifalte de una hipotética confederación catalano-aragonesa.

Pero sobre todo, pudo besar a su nieto Alfonso, nacido en Huesca el 24 de marzo de 1157. Ciertamente, contemplar a su hija -la futura Reina Petronila- llevando en brazos a su retoño -futuro Rey de Aragón y Conde de Barcelona- fue una de las mayores alegrías de su vida. Alfonso II aseguró la continuidad de la estirpe y del reino de Aragón. Su venida al mundo justificó las decisiones difíciles que su abuelo había tenido que adoptar a lo largo de su existencia. Seguro que Ramiro expiró, cinco meses más tarde, con la conciencia tranquila de los deberes cumplidos.

El Padre José de la Canal en el tomo XLVI de España Sagrada consagrado a las Santas Iglesias de Lérida, Roda y Barbastro en su estado antiguo nos dice que Ramiro no fue un hombre ilustre ni el claustro con la cogulla, ni en la Iglesia con la mitra, ni en el trono con la corona. No es grata la pintura: pero más negra la hace el anónimo de Sahagún[17].

Manifiesto mi total descuerdo con tal visión de Ramiro, inspirada, como muchas otras, por los cronistas castellanos que, al atacar duramente a Alfonso el Batallador, extienden también las calumnias y los insultos a su hermano.

Ramiro fue un buen monje. La prueba es que, concertado el matrimonio de su hija, se retiró al convento, cuando hubiera podido gozar del regalo de la vida cortesana.

Fue un buen obispo electo de Roda. Resolvió con tino y valentía los conflictos que le planteaban las contradictorias exigencias de conciencia a las que tenía que hacer frente. Por otra parte, abundan los documentos concediendo donaciones y privilegios a la sede rotense. Acertó además en la elección de su sucesor.

Y fue un magnífico rey que dirigió los destinos del reino en periodo harto difícil. Su nombre está estrechamente asociado a la convivencia multicentenaria de aragoneses y catalanes y por ende de todos los españoles.

Por ello, impulsado sin duda por los efluvios que subsisten en mi casa de Roda, concluiré con un grito que emana del fondo de mi corazón: ¡Viva el Rey Ramiro obispo de Roda!



[1] Li dona dit Señor Prior per obrar estas parets totas las pedras que avuy endia estan en derroquadas en la dita badia e en torn de aquella cayei matex totas las pedras que estan en las parets de la dita badia o fonaments ab tal que lo dit mestre Anthoni se aya de arrancar y derrocar ditas parets y prendre ditas pedras

[2] Joseph Barthès, Saint-Pons-de-Thomières et son abbaye des origines à 1318, vol. 1, pág. 363 y sig.

[3] Barthès, ibidem, pág. 173.

[4] el 14 de febrero de 1068.

[5] Ana Isabel LAPEÑA PAÚL, Ramiro II de Aragón, el rey monje, Ediciones Trea, 2008.

[6] Abbé Bène, Recherches historiques sur Frotard, dixième Abbé de Saint-Pons de Thomières, Montpellier, 1875.

[7] Antonio Durán Gudiol, La Iglesia de Aragón durante los reinados de Sancho Ramírez y Pedro I, Iglesia Nacional Española, Roma, 1962.

[8] Antonio Ubieto, Documentos de Ramiro II de Aragón, Zaragoza, 1988, nº 188.

[9] Antonio Durán Gudiol, Iglesias y procesiones, Huesca siglos XII-XVIII, Zaragoza, 1994, pág. 17.

[10] Lapeña, pág. 226.

[11] Diplomatario de la Reina Urraca de Castilla y León (1109-1126), Zaragoza, 1994, Documento 12. Federico Balaguer, El obispo de Huesca-Jaca y la elevación al trono de Ramiro II, Revista de ciencias sociales del Instituto de Estudios Altoaragoneses, 1950, página 9.

[12] Diplomatario de la Reina Urraca de Castilla y León (1109-1126), Zaragoza, 1994, Documento 4.

[13] Ramón Menéndez Pidal, Historia de España, vol. XI, pág. 240.

[14] Enrique Florez, España Sagrada, Madrid, 1747, tomo XX, I, LXIV. Vid. También Historia Compostelana, Tomo I, LXIV, edición de Falque Rey, Madrid 1994, pág. 170.

[15] Elena Zarraluqui, Divorciadas con historia, Madrid 2017, página 53.

[16] Romualdo Escalona, Historia del Real Monasterio de Sahagún, Madrid, 1972, Libro II, Cap. III, 5 y sig.

[17] Luciano Serrano O.S.B., El obispado de Burgos y Castilla primitiva desde el siglo V al XIII, Madrid 1935, pág. 386.

En Documento de febrero de 1116 figura como Obispo en Burgos: vid. José Ángel Lema Pueyo, Colección diplomática de Alfonso I de Aragón y Pamplona (1104-1134), San Sebastián, 1990, documento 65.

[18] José Ángel Lema Pueyo, Colección diplomática de Alfonso I de Aragón y Pamplona (1104-1134), documento 241.

[19] Antonio Ubieto Arteta, Cartulario de San Juan de la Peña, testamento de 29 de junio de 1059, documento 150.

[20] Sancho Ramírez con su hijo Pedro prometió poner como obispo de Roda a quien eligieran los canónigos de Roda y el pueblo, lo que fue confirmado por el legado papal Gualterio: vid. Nuria Grau Quiroga, Roda de Isábena en los siglos X-XIII, Zaragoza, 2010, documento 59. Federico Balaguer, El obispo de Huesca-Jaca y la elevación al trono de Ramiro II, Argensola (Huesca) nº 1, pág. 13.

[21] J.A. Lema, Colección diplomática de Alfonso I de Aragón y Pamplona, San Sebastián 1990, doc. 281. Vid. también Lasheras, op. cit., p. 102.

[22] Ubieto, Documentos de Ramiro II de Aragón, Zaragoza, 1988, nº 17.

[23] Pedro Longás y Bartibás, Ramiro II el Monje y las supuestas Cortes de Borja y Monzón en 1134, Santoña, 1911, pág. 24.

[24] Ubieto, Documentos de Ramiro II de Aragón, Zaragoza, 1988, nº 12.

[25] Enrique FLOREZ, España Sagrada, tomo XXI, 1797, pág. 343.

[26] Carlos Laliena Corbera, La campana -de Huesca-, Zaragoza, 2000, recoge los reflejos en la literatura y el arte de la Campana de Huesca.

[27] Libreto de Juan Redondo Menduiña y música de Joaquín Taboada Steger, La campana de Huesca, Madrid, 1911, Ildefonso Alier.

[28] Crónica de San Juan de la Peña, Biblioteca de Escritores Aragoneses, Tomo I, Zaragoza, 1876. La lista de los caballeros muertos es la siguiente: de los quales muertos ende hauia los V. que yeran del linage de Luna; Lop Ferrench, Rui Ximenez, Pero Martinez, Fferrando et Gomez de Luna; Fferriz de Liçana, Pero Vergua, Gil Datrosillo, Pero Cornel, García de Bidaure, García de Penya, et Remon de Fozes; P.o de Luesia, Miguel Azlor et Sancho Fontoua, caualleros

[29] Antonio Ubieto Arteta, La campana de Huesca, Zaragoza, 1979. Manuel Alvar, Cantares de gesta medievales, México, 1969, pág. 187 y sig.

[30] F.B.T.L.G., Chronologie des Abbez du Monastère et des Evesques de St-Pons-de-Thomières, Saint-Pons, 1873, pág.23. El fallecimiento tuvo lugar el 20 de agosto de 1099.

[31] Ubieto, Documentos de Ramiro II de Aragón, Zaragoza, 1988, nº 3.

[32] Manuel Iglesias Costa, Roda de Isábena, Jaca, 1980, p. 141.

[33] Documentos de Ramiro II de Aragón, nº 118.

[34] Libro V, 92.Introduce un texto aquí...


[35] Jerónimo Zurita, Anales de la Corona de Aragón, Libro segundo, I, LIII.

[36] F. Balaguer, Ramiro II y la Diócesis de Roda, Estudios de Edad Media de la Corona de Aragón, p. 48. Y también E. Florez, España Sagrada, Tomo XXVI, Adición sobre el Obispo D. Pascual y el Infante Don Ramiro.

[37] Documentos de Ramiro II de Aragón, nº 118.

[38] Decreto Legislativo 1/2011, de 22 de marzo, del Gobierno de Aragón, por el que se aprueba, con el título de «Código del Derecho Foral de Aragón», el Texto Refundido de las Leyes civiles aragonesas.

[39] CENDOJ. Roj: SAP HU 211/2010 - ECLI: ES:APHU:2010:211

[40] CENDOJ. Roj: STSJ AR 1110/2011 - ECLI: ES:TSJAR:2011:1110

[41] Luis Martín-Ballestero y Costea, La Casa en el Derecho Aragonés, Zaragoza, 1944, pág. 133:

Casamiento en casa es el pacto consistente en que si el heredero forzoso muere en condiciones de que no quede ningún sucesor con capacidad para administrar la casa, el cónyuge de aquél puede casarse sin perder sus derechos patrimoniales, siempre que lo haga en casa del premuerto.

Hasta el nombre de este convenio dice el afán de conservación de la institución que tratamos.

Vid. igualmente Diccionario de la Real Academia Española:

casamiento en casa

1. m. Ar. casamiento autorizado por el cónyuge que antes muere al sobreviviente, sea por manifestación directa, sea mediante fideicomisarios, para que, contraído el nuevo matrimonio, la casa y bienes del premuerto queden en poder del que sobrevive, y en ellos tengan iguales derechos los hijos de ambos enlaces.

[42] Antonio Ubieto Arteta, Los esponsales de la reina Petronila y la creación de la Corona de Aragón, Zaragoza, 1987.

[43] Documentos de Ramiro II de Aragón, nº 110. Texto latino:

In Dei nomine. Ego Ranimirus, Dei gratia rex Aragonensis, dono tibi Raimundo, Barchinonensium comes et marchio, filiam meam in uxorem, cum tocius regni Aragonensis integritate, sicut pater meus Sancius rex vel fratres mei Petrus et Illefonsus melius umquam habuerunt vel tenuerunt, ipsi vel utriusque sexus homines per eos, salvis usaticis et consuetudinibus quas pater meus Sancius vel frater meus Petrus habuerunt in regno suo.

Et comendo tibi omnes prephati regni homines sub hominio et iuramento, ut sint tibi fideles de vita tua et de corpore tuo et de omnibus membris que in corpore tuo se tenent, sine omni fraude et decepcione, et ut sint tibi fideles de omni regno pretitulato et universis omnibus ad illud regnum pertinentibus, salva fidelitate mei et filie mee.

Hec autem omnia superius scripta ego prephatus rex Ranimirus taliter facio tibi Raimunde Barchinonensium comes et marchio, ut si filia mea mortua fuerit prephata, te superstite, donacionem prephati regni libere et inmutabiliter habeas, absque alicuius impedimento, post morten meam.

Interim vero si quid augmentacionis vel tradicionis de honoribus vel municionibus prephati regni, me vivente, facere tibi voluero, sub prephata hominum fidelitate, firmum et immobile permaneat.

Et ego prephatus rex Ranimirus sim rex, dominus et pater in prephato regno et in totis comitatibus tuis, dum mihi placuerit.

[44] pág. 932.

[45] Guimerá escribió por cierto una pésima obra de teatro sobre Ramiro con el título de Rei i monjo.

[46] Antonio Ubieto Arteta, La fecha de la muerte de Ramiro II de Aragón, Estudios de Edad Media de la Corona de Aragón, vol. III, pág. 474.

[47] Domingo J. Buesa Conde, El obispado de Roda. La historia de un olvido. In Nuestros orígenes. El tesoro de Roda, Zaragoza 1996.

[48] José María Leminyana y de Alfaro, De la Civitas Rotensis a la Rotensis Ecclesia-Ecclesiarun Mater. In Nuestros orígenes. El tesoro de Roda, Zaragoza 1996.

[49] Manuel Iglesias Costa, Roda de Isábena, Jaca, 1980, pág. 150.

[50] Lapeña, pág. 206.

[51] Madrid, 1836, pág. 160.