El Rey Ramiro II el Monje, Obispo de Roda
por D. Juan Antonio Cremades Sanz-Pastor

EL REY DE ARAGÓN

RAMIRO II EL MONJE, OBISPO DE RODA

por D. Juan Antonio Cremades Sanz-Pastor

Jornadas Culturales de la Asociación de Amigos de la Peña

Graus, 9 de agosto de 2018


Cuando me hizo el honor de proponerme que pronunciara una conferencia en la Asociación de Amigos de la Peña y nada menos que en esta antigua iglesia de los Jesuitas realzada por Baltasar Gracián -que aquí estuvo destinado hace 360 años-, Antonio Baldellou me pidió que eligiera el tema de mi intervención. Enseguida me ilusionó hablar de "Ramiro II el Monje, Obispo de Roda".

Ello se explica probablemente porque, viviendo en Roda de Isábena -yo siempre digo que sobrevivo en París y en Madrid, ciudades donde he ido a ganarme la vida, pero que vivir, lo que se dice vivir, sólo vivo en Roda de Isábena-, estoy influenciado por los efluvios dejados por el Rey Obispo.

Saben, quizá, ustedes que la restauración del Palacio rotense anterior a la mía la hizo el Prior Pedro Agustín, el mismo que encargó el tapiz reproducido en la portada del programa de estas Jornadas. Consta en el contrato entre él y el picapedrero Anthoni Texidor fechado en 16 de mayo de 1525 -por el que este se obliga a levantar varias paredes en la casa del Señor Prior de la badía de Roda- que:

Le da el Señor Prior para hacer estas paredes todas las piedras que hoy en día están derribadas en la mencionada abadía y caídas en torno a ella, así como todas las piedras que están en las paredes de la abadía y en sus cimientos [1].

Las piedras tienen memoria y sigue estando presente en ellas el recuerdo del Rey Ramiro, cuando vivió en dicha casa como titular de la sede rotense. Ello me ha llevado a formularme algunas cuestiones sobre este interesante personaje y voy a tratar de trasladarles las explicaciones que he encontrado.

*

Mi primer interrogante era ¿por qué ingresó el niño Ramiro en la abadía de San Ponce de Tomeras?

El Monasterio de Saint-Pons-de-Thomières fue fundado en 936 por el Conde de Toulouse Raimundo Poncio III, en honor de San Poncio, martirizado en Cimiez, en la Provenza, el año 257, cuyas reliquias fueron llevadas a dicho cenobio. En él se instalaron monjes benedictinos de la abadía de Aurillac.

Joseph Barthès, en su historia de Saint-Pons-de-Thomières [2], indica que el rey Sancho Ramírez fue con sus nobles a ese Monasterio del sur de Francia -cerca de Béziers- el 3 de agosto de 1093 y allí otorgó el documento por el que hace oblación al mismo de su hijo Ramiro de siete años de edad.

La regla de San Benito permite a los padres ofrecer sus hijos de más de cinco años al monasterio. La decisión es definitiva y no puede ser revocada. La ceremonia es solemne y los padres entregan al niño en presencia de testigos. Esta oblación equivalía a la profesión como monje. El Concilio de Toledo de 633 proclamó claramente: Monachum aut paterna devotio aut propria professio facit [el monje se hace o por devoción paterna o por profesión propia] [3].

La ceremonia debió ser la siguiente: Ramiro, coronado de flores, es presentado ante el altar por sus padres después de la lectura del Evangelio; llevaba en sus manos el pan y el vino para el sacrificio y se ofrecía al preste con ellos. A continuación el documento de donación del niño y la mano de este se envolvían en el mantel del altar y los testigos prometían que ni los padres, ni nadie, harían que el niño abandonara el monasterio. Tras ello, el abad bendice los hábitos religiosos y los entrega al oblato, que lleva la cogulla como los monjes y circula como ellos sin la cabeza cubierta, mientras que los novicios llevan siempre la capucha puesta y no la cogulla.

Yo siempre me pregunté el porqué de que Sancho Ramírez entregara su hijo a un monasterio francés en vez de hacerlo a uno aragonés, por ejemplo, al de San Juan de la Peña.

En un principio pensé que la decisión estaba influenciada por la madre del niño. La primera mujer de Sancho Ramírez fue Isabel de Urgel y de ella tuvo a Pedro I. Pero su segunda mujer, la madre de Fernando -fallecido de corta edad-, de Alfonso I el Batallador y de Ramiro II el Monje, era la francesa Felicia de Roucy. Cuando Sancho Ramírez fue a Roma a declararse vasallo de la Santa Sede [4], asentando así su calidad de Rey de Aragón, conoció al Conde Eblo II de Roucy, personaje de gran influencia en la curia romana y hermano de la que sería pocos años después reina de Aragón.

Pero finalmente me di cuenta de que había una razón poderosa para la elección de San Ponce de Tomeras. En el documento de entrega de su hijo al Monasterio, Sancho Ramírez menciona:

En el nombre del sumo y eterno Dios todopoderoso Padre e Hijo y Espíritu Santo. Sepan todos los hijos de la Santa Iglesia, presentes y futuros que yo Sancho, rey de Aragón y de Navarra por la gracia de Dios omnipotente, hijo del difunto rey don Ramiro, acordándome de las palabras de Nuestro Señor Jesucristo Nazareno, que dijo: "dad limosna y se os perdonarán los pecados" y "porque la limosna libra al alma de la muerte y, como el agua apaga el fuego, así la limosna borra el pecado", hago la presente donación al todopoderoso y clementísimo Dios y al glorioso mártir San Ponce y al Monasterio de Tomeras, situado en el campo de Narbona en la orilla del Isaure, y al abad dom Frotardo, o sucesores monjes actuales o futuros. [...]

Inflamado por el ardor del Espíritu Santo ofrezco para siempre una prenda muy cordial, mi amado hijo Ramiro, a Dios, a la gloriosa siempre Virgen María, al glorioso mártir San Ponce del indicado monasterio, al abad nombrado y a los monjes que en él viven, con la entrega decidida de que sea monje, según la regla de San Benito del referido monasterio, y ruegue a la bondad divina por mí, por su madre y por todos sus familiares próximos [5].

La elección del monasterio está clara con esta lectura. Que Ramiro fuera ofrecido al cenobio francés se debe a que su abad era Frotardo [6]. Frotardo había sido nombrado por el Papa Legado en Aragón y ayudó al rey a resolver los problemas eclesiásticos del reino, estableciéndose una buena relación entre el Monarca y el Prelado. Durán Gudiol dice de él que durante largos años fue la principal figura eclesiástica en Aragón y Navarra. Y añade: Había recibido de Gregorio VII la regiminis curam ecclesiarum de Aragón y Navarra a petición del rey Sancho Ramírez [7]. Se eligió, pues, Saint-Pons-de-Thomières porque el Abad era gran amigo y aliado del Rey.

En ese monasterio de Tomeras Ramiro pasa sus años de niñez y juventud. Él mismo indica siendo Rey, en un documento otorgado en Jaca en 1137 por el que confirma a la Iglesia de Roda las donaciones que le había realizado a lo largo de su reinado: Fui entregado por mi padre, el rey Sancho, de buena memoria, al monasterio tomeriense para el estudio de las sagradas escrituras y, bajo la santísima orden del beatísimo Benito, por los frailes que allí sirven a Dios fui educado en los años de niñez y pasé la edad pueril [8].

En el documento de entrega de su hijo a San Ponce de Tomeras, Sancho Ramírez hace varias donaciones importantes. Una de ellas es la capilla de la Zuda de Huesca, si Dios se digna ponerla en mis manos o en las de mi hijo, porque Huesca todavía no había sido conquistada. Zuda era el palacio fortificado de los gobernadores árabes. Pero al conquistar Huesca tras la batalla de Alcoraz en 1096, Pedro I dio la capilla de la Zuda al santuario de Montearagón y, en cambio, compensó a los benedictinos de San Ponce concediéndoles la Iglesia de San Pedro el Viejo de Huesca.

La denominación de El Viejo deriva de que, en su mismo emplazamiento, hubo un templo en la época romana, que se mantuvo en la visigótica, y fue parroquia de la comunidad mozárabe bajo el imperio musulmán. Según la bula del papa Pascual II de 25 de mayo de 1107 la antigua iglesia de San Pedro con su cementerio era la única que había subsistido en la ciudad de Huesca, habiendo dispuesto de ella los cristianos durante la dominación musulmana [9].

Los benedictinos tomerienses ocuparon inmediatamente San Pedro el Viejo e instalaron un priorato de la Abadía. Reconstruyeron la iglesia, que hoy en día sigue siendo un importante monumento del románico aragonés. El templo actual se edificó en vida del monje Ramiro, al que veremos a menudo allí[10]. 

La siguiente pregunta es ¿cuándo vuelve a Aragón el monje Ramiro?

Todo da a entender que Ramiro permaneció en Tomeras hasta el matrimonio en 1109 de su hermano Alfonso I el Batallador con Urraca, reina de Castilla y León. En un documento confirmando exenciones al Monasterio de San Millán de la Cogolla otorgado el 15 de agosto de 1110 en Nájera por Doña Urraca, que se dirige con su ejército a Zaragoza, Ramiro figura en el séquito de su cuñada, la cual se proclama por cierto regnans in tota Ispania[1].

Es sabido que este matrimonio conoció desde el principio momentos difíciles.

Por una parte, los cónyuges otorgaron capítulos matrimoniales en los que se pactaba un régimen matrimonial semejante al casamiento en casa aragonés [2].

Urraca dona a su marido la totalidad de su reino, previendo que cuando falleciera Alfonso el reino iría al hijo que tuvieran y, si no, al hijo que Urraca había tenido con su primer marido Raimundo de Borgoña, conde de Galicia. Este hijo, que sería el futuro rey Alfonso VII de Castilla y León, quedaba pues desheredado si había descendencia de las segundas nupcias de su madre. Ello dio origen a serios conflictos, provocados en gran parte por los gallegos -de los que era conde el hijo desheredado- y por el clero opuesto al Batallador.

De idéntica manera, Alfonso dejaba su reino cuando falleciera al hijo que tuviera con Urraca y, a falta de hijo, a Urraca en entera propiedad.

Alfonso quiso mandar en el reino de Urraca y esta quiso seguir mandando, lo cual multiplicó las diferencias. Además el carácter de Alfonso no era fácil. En la Historia Compostelana -que ordenó componer el primer arzobispo de Compostela Diego Gelmírez [3], enemigo acérrimo del Batallador-, se leen las siguientes palabras de Urraca:

Después de la muerte de mi padre, según la disposición y el parecer de los nobles, me casé contra mi voluntad con el sanguinario y cruel tirano aragonés. El cual, no solo me deshonraba continuamente con torpes palabras, sino que toda persona noble ha de lamentar que muchas veces mi rostro haya sido manchado por sus sucias manos y que yo haya sido golpeada con su pie [4].

Elena Zarraluqui, en su interesante libro Divorciadas con historia, comenta: Si no fuera por el lenguaje antiguo y la mención al rey de Aragón, este podía ser el testimonio de cualquier mujer maltratada de nuestros días [5].

A dichos conflictos matrimoniales se añaden los problemas que existían entre el Rey Alfonso y la jerarquía eclesiástica. Tras la reforma de Gregorio VII, el papado hacía todo por suprimir la intervención de las autoridades civiles en los nombramientos eclesiásticos. Alfonso I, en cambio, seguía la costumbre tradicional de efectuar la elección por el clero y el pueblo locales, lo cual le permitía influir en la misma. Así las cosas, el Batallador recurrió a su hermano monje para ayudarle a resolver su relación con la Iglesia.

El abad Diego del importante Monasterio de San Facundo en Sahagún dimitió. E inmediatamente se cita a un tal Domingo como responsable del mismo, sin que el nombramiento fuera sometido al Rey. Este ordenó la expulsión de Domingo y, para controlar mejor el monasterio y la villa de Sahagún, nombró abad a su hermano Ramiro con el total apoyo de los burgueses de la ciudad [6]. Cuando se pone fin en 1114 al matrimonio de Alfonso y Urraca por consanguinidad, ya que tenían un bisabuelo común, Alfonso dejó a Urraca la villa de Sahagún y lógicamente Ramiro renunció al abadiado.

Burgos siguió, en cambio, en manos de Alfonso. El 4 de octubre de ese año 1114 fallece su obispo García de Aragón. Sin informar al rey ni a los burgaleses, el arzobispo de Toledo hace que se nombre a un tal Pascual. Instigados sin duda por el Batallador, el clero y el pueblo de Burgos nombran a Ramiro. El asunto fue sometido al Papa, que se inclina por Pascual, pero, hasta 1116 en que dimitió, Ramiro sigue apareciendo como Obispo de Burgos [7].

En 1115 fallece el obispo de Pamplona. Alfonso trató de cubrir la vacante haciendo elegir a su hermano. Sin embargo, no pudo llegar a buen término ya que en 1116 aparece como obispo de Pamplona un tal Guillermo.

Desde 1116 hasta 1130, año en el que aparece en un documento firmado en Huesca, nada se sabe de Ramiro. Es de suponer que se retiró al Monasterio de San Ponce de Tomeras, muy probablemente a su Priorato de San Pedro el Viejo.

Para continuar leyendo, presione el botón.