Roda Sede Epíscopal

El día 30 de noviembre del año 957, tenia lugar en Roda la consagración y dotación de una iglesia basilical que se dedicaba a San Vicente martir para que fuera Sede Episcopal bajo la autoridad metropolitana de Narbona.

La importancia del suceso contrasta con la sencillez del acto. Según el acta la iglesia había sido edificada por orden de los condes Ramón y Garsenda para que fuese Sede Episcopal. Y contaba con la aprobación oficial y expresa del arzobispo narbonense Aimerico: elementos indis­pensables y suficientes según las leyes canónicas en uso. Así se ponía fin a un largo período de vacilación e incertidumbre. La Iglesia Ribagorza­na con su obispo a la cabeza quedaba instalada dentro de la legalidad canónica. En lo sucesivo cualquier intento de remoción o suplantación era un acto de usurpación manifiesto. Los obispos ya no tendrían que recurrir a procedimientos extraños para obtener su consagración y sus actuaciones jurisdiccionales contaban con el respaldo legal. Era pues el paso definitivo en orden a la autonomía eclesiástica del país.

Pero a lo fundamental del acontecimiento se contrapone la sencillez del acto. La solemnidad festiva que se ha venido suponiendo siempre, no aparece en parte alguna. Asisten los condes promotores de aquella erección canónica, el obispo consagrante Odisendo, los testigos y el escriba. El devotísimo pueblo, sería el de Roda solo, pues no se habla de cercanías como otras veces. Las donaciones que acompañaban a las consagraciones solían ser numerosas y llenaban largas listas de donantes del mismo pueblo y de la comarca. Y tratándose de la Sede Catedralicia, cabía esperar algo fuera de lo corriente. Pero no; pues se reduce a lo mínimo indispensable que donan sólo los condes Ramón y Garsenda: a saber, "una casa ante la iglesia, dos tierras, una de seis mojadas, otra cerca del lsábena y una viña"; con los ornamentos más precisos para la celebración del culto: "un cáliz de plata, una cruz también de plata, una enseña de metal, tres libros misal leccionario y antifonario y dos vestiduras. Nadie más dió cosa alguna". Tampoco se habla de territorios adscritos a la nueva sede. Se sobreentiende que comprendería los mismos valles en los que episcopó Atón o a menos los que en aquel momento estaban bajo la autoridad del conde ribagorzano.

En suma, que el acta de erección canónica de Roda parece dictada por la prisa y la reserva. Urgía realizar el acto formal preciso para dejar bien sentado que desde aquel momento la nueva Sede contaba con los elementos esenciales.